La del pirata cojo

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Si Lázaro de Tormes levantara la cabeza se sentaría aquí conmigo cada mañana. El pícaro por excelencia, el pequeño buscavidas que sobrevivía a base de artimañas en el siglo XVI, miraría con atención el monitor de mi paciente computadora y se ahogaría en carcajadas viendo las trampillas de algunos de los webmasters que tratan de colárnosla.

Son los menos, cierto es, pero sucede que de vez en cuando nos salen sites ‘rana’. Se dan de alta como soporte, habilitan sus zonas publicitarias y empiezan a rotar nuestras campañas display. Las tenemos CPM y CPC, pero ellos se empeñan en convertir estas últimas en un nuevo modelo de negocio: ¡el FPC (Fraude Por Clic)! Coño, Lázaro, ¡la cuadratura del círculo digital! ¡El ‘no va más’ del business en línea! Pero, ¿cómo no lo habíamos pensado antes? Con un par… de vinos, seguro que lo vemos más claro.

Resulta que los más traviesos de nuestra plataforma practican el autoclick con la misma recurrencia con la que un vigoréxico levanta pesas. Pim, pam, pim, pam, no les frena ni la amenaza de tendinitis en el dedo índice. Si les delata la IP, siempre pondrán una excusa mientras ganan tiempo para maquinar un plan B: incentivar inmoralmente los clicks entre sus usuarios, hacer uso de programas automatizados o, peor, poner algún malware al servicio de su causa. Lazarín, a ver qué hacemos con estos, están preparados, se las saben todas y no van a dar su brazo a torcer.

Cantan los CTRs desproporcionados con la misma claridad con la que un eunuco entona La Traviata. Nuestra prueba del algodón es evidente, así que decido avisar a los implicados con refinada educación. Pero no dan marcha atrás. Al contrario, saben que la mejor defensa es un buen ataque. Toma ya. Estos como Sabina, de entre todas las vidas han elegido la del pirata cojo y si me descuido aún me atizan con las tibias y la calavera. ¡Al abordaje!

Sucede que todo lo anterior tendría mucha gracia si no fuera porque el fraude en la publicidad online (simular impresiones, clics, tráfico web y conversiones que no se producen) se lleva por delante entre un 10% y un 30% de los presupuestos mundiales de los anunciantes. Una estafa para las marcas que deja damnificados por el camino.

Ay, Lázaro, Lazarillo, ¿qué hacemos con tanto pillo?

Raúl García
Account Executive en Adpv.com

Un comentario

  1. David dijo:
    22 Marzo, 2017
    Responder

    Podríamos pensar, que éste tipo de fraude, no hace mal a nadie. Que por ejemolo, a Cocacola le da igual, pero la cosa cambia, cuando deciden invertir en publicidad, y cuando pierden una cantidad de dinero determinada, deciden recuperala recortanto salarios o cerrando fábricas para llevarselas a China… . Si es que al final, los palos siempre van para los mismos, en mayor o menor medida.

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